REGION - La Pampa
Semanario REGION
Del 3 al 9 de febrero de 2012 - Año 21 - Nº 1.026
R.N.P.I. Nº 359581

Redacción: Urquiza 640 - Telefax: (02954) 43-2164 rotativa
(L6300EAN) Santa Rosa - Provincia de La Pampa - Patagonia Argentina
Director: Gerardo Yánes
  
Pampeanos alcanzaron el Monte Pissis en Catamarca: Expedición al volcán inactivo más alto del mundo

Pampeanos alcanzaron el Monte Pissis en Catamarca

Un grupo de entusiastas deportistas, integrado por Gustavo Massara y Marcelo Cuadrado de General Pico; Héctor Ferrero y Javier Borllie – Rafaela de Santa Fe; Andrés Orozco y Pablo Lukach de Villa Carlos Paz y Daniel Marini de Santa Rosa de Calamuchita, alcanzaron la cumbre en el mes de diciembre de 2011, del Monte Pissis de 6.795 msnm, uubicado en la cordillera de Los Andes, en el altiplano puneño, formando límite entre las provincias de Catamarca y La Rioja, reconocido como el Volcán inactivo mas alto del mundo.
El pampeano Marcelo Cuadrado con esta nueva hazaña, ha logrado ascender a las tres cumbres más altas de América: Co.Aconcagua (6.962 msnm) el 02/02/2006; Co.Ojos del Salado (6.882 msnm) el15/12/2010 y Mte.Pissis (6.795 msnm) el 06/12/2011.

“El sábado 26/11/11 -cuenta Marcelo-, con Gustavo Massara nos desplazamos hasta la localidad de Fiambalá (Catamarca). Nos hacían el ¨aguante¨ nuestros amigos Chiche Ferraro (Gral.Pico) y Bibi Caivano (Int.Alvear), con probada experiencia de montaña y Anahi Genovesio (Realicó) quien iba a intentar su primera experiencia en alta montaña. Allí nos encontraríamos con el resto de la expedición, integrada por Pablo Lukach (C.Paz), Andres Orozco (Córdoba), Javier Borllie y Héctor Ferrero (Rafaela). La hospitalidad de la gente de Vialidad Provincial en el Paso San Francisco (4.068 msnm) es sencillamente conmovedora. Quizás la soledad del paraje seguramente influye”.

Intentando describirnos la experiencia, Marcelo dice: “Frío, ventoso, seco, rocoso y yermo...; es como si la secuencia de colonización vegetal sólo fuera una avanzada de pasto puna (así le llamamos en La Pampa a un equivalente) que habiéndose arraigado a un suelo yermo, se perpetuaron sin otra posibilidad que la de multiplicarse hasta donde alcanza la vista, sin lugar para otras especies ni posibilidades de alzarse por el viento. De modo que allí permanecen, en una suerte de equilibrio de fuerzas, una lucha sin cuartel, ensordecedoras ráfagas de viento helado intentan arrancar, mientras éstas resisten aferrándose a la tierra, perpetuándose desde siempre y para siempre.
La soledad cobra otra dimensión que trasciende lo conceptual. La bóveda celeste se torna abrumadora y la soledad alcanza una dimensión sideral.
Mejor no pensar en una torcedura de tobillo y mucho menos en algo más grave. El grado de exposición es total.
Camino al campamento de 4.900 msnm, supuestamente en una canaleta y en la punta de un nevé, donde encontraremos agua nuevamente. Ahora entiendo las palabras de Víctor Bulacio (Guía catamarqueño - Volcán Pissis), la soledad es tan absoluta que, puede constituirse en una, sino la principal causal de deserción en estas movidas”.

Pampeanos alcanzaron el Monte Pissis en Catamarca

Pampeanos alcanzaron el Monte Pissis en Catamarca

Pampeanos alcanzaron el Monte Pissis en Catamarca

Pampeanos alcanzaron el Monte Pissis en Catamarca

Pampeanos alcanzaron el Monte Pissis en Catamarca

Pampeanos alcanzaron el Monte Pissis en Catamarca


 

Nota completa

Expedición al MONTE PISSIS (6795 msnm)
Catamarca – Argentina

Colaboración de: Marcelo Cuadrado

Integrantes:
* Gustavo Massara y Marcelo Cuadrado – Gral.Pico – L.P.
* Héctor Ferrero y Javier Borllie – Rafaela – Sta.Fe
* Andrés Orozco y Pablo Lukach (C.Paz y Córdoba) – Córdoba
* Daniel Marini (enterado de nuestra presencia, se sumo en el campamento de altura) – Santa Rosa de Calamuchita – Córdoba
Desde el Sábado 26/11/11 hasta el Jueves 08/12/2011.
Dificultad técnica: moderada
Exigencia física: alta
Desde el inicio de mi actividad en los Andes, constituye mi cumbre Nº 14 sobre 15 intentos en la cordillera.
Con el Pissis, he logrado ascender a las tres cumbres más altas de América:
* Co.Aconcagua (6962 msnm) – 02/02/2006
* Co.Ojos del Salado (6882 msnm) – 15/12/2010
* Mte.Pissis ( 6795 msnm) – 06/12/2011

CRONICA DE LA ASCENCION AL MONTE PISSIS
(Voz quechua PILLANHUASI. Volcán inactivo mas alto del mundo con sus 6795 msnm)

Se encuentra ubicado en la cordillera de Los Andes, en el altiplano puneño, formando límite entre las provincias de Catamarca y La Rioja.
Este volcán es la 3º cumbre después del Co.Aconcagua (6962 msnm) y el Co.Ojos del Salado (6882 msnm).
El sábado 26/11/11, con Gustavo nos desplazamos hasta la localidad de Fiambalá (Catamarca). Nos hacían el ¨aguante¨ nuestros amigos Chiche Ferraro (Gral.Pico) y Bibi Caivano (Int.Alvear), con probada experiencia de montaña y Anahi Genovesio (Realico) quien iba a intentar su primera experiencia en alta montaña. Allí nos encontraríamos con el resto de la expedición, integrada por Pablo Lukach (C.Paz), Andres Orozco (Córdoba), Javier Borllie y Héctor Ferrero (Rafaela). La hospitalidad de la gente de Vialidad Provincial en el Paso San Francisco (4068 msnm) es sencillamente conmovedora. Quizás la soledad del paraje seguramente influye.
El paisaje es… descomunal, alucinante, la imaginación se desborda, la árida desolación del altiplano adquiere una belleza arrobadora y no tiene sentido moverse, solo sentarse y contemplar…
(Fragmento de la expedición al Ojos del Salado)
Cómo describir? frío, ventoso, seco, rocoso y yermo...; es como si la secuencia de colonización vegetal sólo fuera una avanzada de pasto puna (así le llamamos en la pampa a un equivalente) que habiéndose arraigado a un suelo yermo, se perpetuaron sin otra posibilidad que la de multiplicarse hasta donde alcanza la vista, sin lugar para otras especies ni posibilidades de alzarse por el viento. De modo que allí permanecen, en una suerte de equilibrio de fuerzas, una lucha sin cuartel, ensordecedoras ráfagas de viento helado intentan arrancar, mientras éstas resisten aferrándose a la tierra, perpetuándose desde siempre y para siempre.
La soledad cobra otra dimensión que trasciende lo conceptual. La bóveda celeste se torna abrumadora y la soledad alcanza una dimensión sideral.
Mejor no pensar en una torcedura de tobillo y mucho menos en algo más grave. El grado de exposición es total.
Camino al campamento de 4900 msnm, supuestamente en una canaleta y en la punta de un nevé, donde encontraremos agua nuevamente. Ahora entiendo las palabras de Víctor Bulacio (Guía catamarqueño - Volcán Pissis), la soledad es tan absoluta que, puede constituirse en una, sino la principal causal de deserción en estas movidas.
El tránsito es lento, cadencioso, el viento se niega a dejarte avanzar. La sequedad del ambiente te absorbe la humedad de la piel, los labios se resecan, uno siente que se va integrando, mimetizando con la puna. Reino de cóndores y vicuñas. Es admirable cualquier vestigio de vida en este espacio del planeta.
Día 1º y 2º: Aclimatación en Las Grutas (Paso internacional San Francisco) a 4068 msnm. El común denominador esta constituido por jaquecas, desequilibrios estomacales, insomnio, falta de apetito, en fin; la puna se nos vino encima y Javier (medico) parecía multiplicarse y su botiquín comprendía todas las opciones para combatir un enemigo que nos atacaba por todos los frentes y lo hacia… con todo éxito!!

Día 3º: Intentamos y logramos la cumbre de un cerro aledaño, el ¨Morocho chico¨, en tres horas alcanzamos la apacheta levantada en su cumbre de 4496 msnm. No pude festejar, una bacteria se había instalado en mi interior y acelerado el transito. La perdida de líquidos me estaba dejando sin piernas y llegue flotando a la cumbre tras mis compañeros. El mas efusivo parecía ser Chiche, Bibi llego con su paso lento y Anahi, tras su mirada afiebrada, dejaba entrever que la puna le estaba cobrando un precio muy alto por su primera cumbre en el altiplano.

Día 4º: Miércoles. Al fin dejábamos el punto de aclimatación básica. Abandonamos el lugar alrededor de las 10:00 a.m. y nos desplazamos todo el equipo hacia el acceso a los 96 kms de un duro off road para los vehículos y que nos acercaría a la base del Pissis.

A mitad de camino, nos separamos de nuestros amigos, Bibi, Anahi y Chiche, continuaban viaje a Fiambalá y de alli, dos dias después volverian a La Pampa. No sin antes desquitarse del frio y la altura, en las termas y su paisaje increíble.

Nosotros, con mas compromiso que decisión, le entramos a la ruta que nos llevaría al encuentro de nuestro objetivo.

La Amarok de Héctor rompió un neumático apenas iniciado el ascenso. Tenía un solo auxilio. De modo, que la incertidumbre potencio la prudencia del avezado volante santafesino, quien encaro la senda rumiando su desencanto y enojo con el proveedor de neumáticos rafaelino, a quien prometía quemar en la hoguera y a fuego lento.

Día 5º, 6º: Jueves y Viernes. Transcurrieron tres días desde nuestro arribo a 4600 msnm (Campamento Marcelo Brandan). Entre los hechos notables, se destacan dos. El primero de ellos involucra un arroyo que bajaba del glaciar. Cuando llegamos, alrededor de las16:00 del miércoles, estaba crecido y se mostraba irreverente, impetuoso. Sus meandros discurrían por la quebrada, dibujando un entretejido caprichoso, ruidoso y burbujeante. Acuno nuestro sueño a pesar de la altura y la amenaza del apunamiento.

Al amanecer del día siguiente, nos sorprendió la calma. Salí de la carpa y, el arroyo había desaparecido!!
Transcurrió el día y alrededor de las 15:00; se dejo sentir un trueno sostenido, era como una presencia arrolladora que nos obligo a salir del carpon, y sorprendidos corrimos en busca de nuestras cámaras. El fuerte sol del mediodía, nuevamente había ganado su lucha diurna contra el hielo y el frío de la noche. Descongelando monte arriba la portentosa estructura del glaciar, este se derretía suavemente, acumulando y desbordando desde diferentes niveles, hasta formar una corriente, que los demás días y alrededor de la misma hora, nos sorprendía gratamente e hinoptizaba ver como desplazaba su telaraña y se perdía finalmente en el recodo mas abajo en la quebrada, siguiendo su camino hasta desembocar en la laguna Negra.
El segundo hecho notable, tuvo lugar el día viernes (6º). Estábamos desayunando en el carpon y de pronto, el susurro del viento se volvió ensordecedor y la carpa se elevo intentando despegar del suelo. Mi reacción – insólitamente rápida, y seguramente porque estaba del lado que se levanto primero - provoco un movimiento en cadena de mis compañeros, aferrandonos a los parantes de la estructura y así, cinco sujetos literalmente colgados, evitamos la voladura total de nuestro lugar de reunión. Gustavo narro luego, (se encontraba monte arriba en situación de reflexión contemplativa) que vio bajar por la ladera de la quebrada un tremendo remolino que se instalo unos segundos (para nosotros duro una eternidad) sobre el campamento y vio volar cosas (el camperon de pluma que Héctor debió bajar varios metros para rescatarlo), según su narrativa, el mini tornado fue algo digno de verse. Naturalmente rearmamos la carpa, chueca, revirada, pero bien asegurada esta vez.

Día 7º : Sábado por la mañana. Iniciamos el traslado del equipo hacia el Campamento 1º, ubicado alrededor de los 5200 msnm.
Mientras Héctor y Javier, se desplazaban a pie, ascendiendo por la quebrada; con Gustavo al volante, Pablo, Andrés y todo el equipamiento de la expedición, desarrollamos un off road alucinante hasta llegar al punto de encuentro. Gustavo se desenvolvió con suficiencia y atrás, muy lejos, quedaron sus anécdotas en las dunas de la costa bonaerense. Esto iba mucho más allá y se constituía en una experiencia increíble. La Toyota era un tanquecito entre las rocas.

Alrededor de las 18:00; la combinación de frío y viento se hizo insoportable a la intemperie, de modo que buscamos refugio en las carpas y el calor de nuestras bolsas, para no volver a salir hasta el otro día.

Día 8º: Domingo. De las tres carpas, desarmamos dos para trasladar hasta el campamento de altura y dejamos una armada para emergencias. Javier (el medico) vino a compartir la carpa con nosotros (Gustavo y yo). Descubrimos que estaba literalmente hecho pomada. La puna le estaba pegando una paliza. Vómitos y arcadas se sucedían todo el tiempo. Se medicaba, pero advertíamos que no surtía efecto alguno, pues sus males se potenciaban. Nada podíamos opinar ni recomendar como no fuera bajar hasta el campamento anterior donde estaba la carpa de emergencia, fuera de eso, el era el profesional. Solo lo observábamos en silencio y le ofrecíamos hidratar todo el tiempo. Su capacidad para asimilar el desequilibrio físico era notable, no obstante su obstinación le haría pagar un precio muy alto en los siguientes días.
La ansiedad del día de cumbre, no nos dejo dormir en toda la noche. El viento tampoco. Nos asedio todo el tiempo, aliado con el frío. Nuestras bolsas de dormir se mostraban por momentos sumamente permeables y el frío parecía ganar los espacios. Las arcadas y vómitos de Javier, como las salidas in tempestuosas desde su bolsa y de la carpa, constituyeron una actividad inesperada y sostenida durante toda la noche. Pensaba que en algún momento no iba a lograr salir a tiempo y haría un desastre aquí dentro.

Día 9º: Lunes. El amanecer se dejo reflejar en el interior de la carpa. Al cerrar los vientos (aberturas), se había condensado la humedad de nuestra respiración. Ahora, todas las paredes estaban recubiertas de una fina capa de hielo. Parecía un iglú. El ambiente era gélido.

Era lunes, había pasado lo que todo el tiempo identificábamos como ¨la ultima noche antes de la cumbre¨. Sin embargo las primeras luces del día nos encontraba aun en las carpas, dentro de las bolsas de dormir. Habíamos abortado el día de cumbre. No lo podía creer, que había pasado?? Demasiado viento fue la respuesta de Pablo, responsable del contacto satelital con la base en Fiambala. No, no era posible. En nuestro Aconcagua - con Beto Fuentes y Javier Violo - el viento nos había pegado una paliza, sin embargo no había impedido alcanzar la cumbre. De ningún modo lo aceptaba, yo me largo a la cumbre, le pregunto a Gustavo si me acompaña, este me contesta dentro de su bolsa de dormir, que no, que había demasiado viento y se da vuelta. La pucha que lo tiro!! Alrededor de las siete salgo de la carpa y comienzo a equiparme. El sol ya calentaba, pero el viento arreciaba, descolgándose helado por el glaciar. Voy hasta la otra carpa, donde pernoctaban Pablo, Andrés y Héctor. Cumbre?? no, el viento seria muy peligroso en el glaciar, cuya pendiente se torna muy fuerte sobre los 6000 mnsm. Definitivamente me resigno y vuelvo a mi carpa. Una duda golpeaba mi cabeza, no voy a soportar otro día a 5800 msnm. Como hago para llegar hasta el amanecer siguiente??

El día de cumbre fallido comenzó a desandar. Sobre el medio día, Andrés nos comunica que baja al campamento uno, su cabeza no da más. De todos modos dice estar satisfecho con haber llegado hasta aquí. Lo miro con extrañeza, pues hasta ayer lo había visto fenómeno, pero uno jamás podrá saber lo que realmente pasa por la cabeza de un compañero. Me da cierta tristeza, y la tarde se volvió melancólica. El viento no nos deja opciones, y solo podemos permanecer dentro de la carpa, fuera es imposible.

Cae la noche, amaina el viento, buena señal. Tempranito nos metemos en las bolsas de dormir, excepto que a Gustavo se le había antojado una sopa con arroz que traíamos cocinado desde el campamento base. Había que bombear el msr (calentador que funciona con bencina) y derretir hielo para luego hacer la sopa. Convenzo a Gustavo que no es hambre, que solo es un antojo de altura. No muy convencido y quizás algo entrompado, se mete en la bolsa y… no jorobo mas con el tema.

Fue la noche mas fría, les puedo asegurar, por la mañana, Daniel, nuestro acompañante solitario, que se sumara el día anterior a la expedición, me confirmo -18º bajo cero.

Naturalmente, la carpa, literalmente se congelo, con nosotros adentro.

Que noche!! Gustavo dio cincuenta vueltas en su bolsa de dormir, Javier vomito otras tantas y salio al menos dos veces a orinar, se estaba deshidratando a toda velocidad y tomaba líquido todo el tiempo, tanto como expulsaba de su cuerpo de forma diversa.

Yo, intentaba dormir entre ambos, en el medio.

Día 10º: Martes: A las cinco sonó el despertador, los gritos de la otra carpa, anunciaban que ya estaban despiertos. Arriba todo el mundo, en una hora partíamos al fin para la cumbre!!!

¨Yo no voy!!¨ me dice Gustavo… no lo podía creer. ¨ Como que no vas? ¨. No doy más de la cabeza. Definitivamente la segunda noche en altura le cobro tremendo precio. Se levanto despacio, no podía imaginar la procesión interior de mi amigo, mi compadre de cumbre en el Chañi. Yo tampoco voy… pensé. Aunque ayer rompí tanto las pelotas para irme solo y ahora… No, no puedo. Yo no voy a volver a intentar lo mismo, o lo consigo hoy o no lo consigo nunca!!.

De alguna forma se hicieron las 06:00 am. Ya estaba listo. Miro a mí alrededor, todo el mundo luchaba con algo y yo… ya estaba listo!!. El frío era descomunal. Los dedos, insensibilizados, luchaban con las botas dobles y los grampones. Alguna puteada se escapaba, impotente. Gustavo me toca el brazo. No pude descifrar su mirada. Nos dimos un abrazo, no pude evitar unas lágrimas, no podía creer tanto esfuerzo, más de 3000 kms, casi dos semanas de aclimatación y lenta ascensión por sucesivos campamentos. Días largos de charlas intimas, plagadas de anécdotas, risas plenas, espontáneas. La cofradía de la montaña a pleno y ahora se rompía. La deserción de Gustavo se sumaba a la de Andrés ayer. Era demasiado para mi. Controle mis emociones, cada gramo de energía iba a ser liberado apenas pisara el hielo del glaciar, no antes.

Mis compañeros estaban listos, excepto Javier que aun luchaba con su equipo. Daniel iniciaba el ascenso. Lo seguí, salve rápidamente la pequeña pendiente de acarreo y le entre al hielo… en ese momento levante la mirada y torne hacia el campamento que quedaba abajo, iluminado por un horizonte azul oscuro primero, intenso luego, para tornarse rojo, amarillo y finalmente casi blanco donde irrumpía el sol con sus primeros rayos. El corazón se inundo de alegría, la belleza del amanecer era sencillamente alucinante. No dio para sacar la maquina de fotos, jamás podría captar semejante imagen, solo podía llevarla en la retina y me colme de ella, la pucha sino?!!.

Hora 07:00 La ascensión por el hielo y con grampones, tenia un ritmo vertiginoso. Levanto la vista y no tenia nadie ascendiendo arriba. Vuelvo la mirada y advierto, que todos están abajo, incluso los rafaelinos, estaban muy abajo. Su ritmo era muy lento.

Hora 08:00 El sol a pleno en el glaciar permitía sobrellevar una brisa suave pero tan helada y penetrante que no permitía el descanso. La pendiente tampoco brindaba escalón horizontal alguno donde detenerse siquiera un minuto.

Hora 09:00 La alienación de un lento ascenso, comenzaba a sentirse y muy fuerte. Ya estaba solo en la altura, muy abajo distinguía a Daniel y Pablo. De los rafaelinos nada se advertía, pero los imaginaba aun en la ladera y muy abajo.

Hora 10:00 Luego de un prolongado descanso de casi 20´ al final de una lengua glaciaria, en pleno acarreo, me alcanzo Daniel y acordamos ascender juntos, tirando un rato cada uno. Pablo se había acercado bastante.

Hora 11:00 No tengo idea de la ultima hora, totalmente abstraído en la ascensión. No recuerdo el contexto por donde transite todo este tiempo.

Hora 12:00 Sigo ascendiendo en ese estado de concentración interior. El contexto pasa a mi alrededor como una circunstancia viajera, nada reclama mi atención, nada interrumpe ese estado de elevación, no tengo frío, no tengo cansancio, mis músculos responden naturalmente a la exigencia, ni siquiera levanto la vista, no quiero ver la cumbre ni la distancia vertical que nos separa. Pero no dudo que lo voy a lograr.

Hora 13:30 Nos reunimos con Daniel y Pablo en la cima del pico frontal inferior, desde el cual se aprecia el collado entre cumbres y la canaleta que nos llevara desde el otro lado, donde finalmente ascenderemos a la cumbre del Pissis. La puta que lo parió!! Que lejos aun esta!!!! Creo que no voy a lograrlo jamás!!!!!

Mas sicológico que físico, la mochila parece ahora pesar una tonelada. En que momento ocurrió? Quizás la vista de la cumbre ahí, a tan solo 150/200 mts de distancia vertical, pareciera que esta a kms… De pronto las nubes comienzan a pasar rasantes sobre la cumbre y a una velocidad vertiginosa. Daniel nos advierte, que el clima nos esta dando un espacio de hora y media a dos, antes de cubrirse la cima con un techo de nubes… No, me digo, no, ahora no. Tan cerca y que se cubra de nubes. No solo porque iba a impedirme apreciar la vista de la pared oeste y su enorme glaciar, sino el riesgo que implica hacer cumbre sin ver el contorno de la misma. Sobre todo, encontrar la ruta de acceso para descender por la misma vía y salir del encierro de las nubes. Dios mío!! Necesito fuerzas para acelerar el ritmo, ya poco importan las siete horas anteriores, las dos que vienen por delante imponen concentración absoluta para llegar a la cumbre y regresar. Daniel? Pablo?, no los veo, creo que vienen un tramo mas abajo; arriba seguro que no, porque hace rato que solo veo la cumbre.

Me desplazo tal lo planificado, por la pendiente que recorre la ladera NE del Pissis, pasando por debajo de su cumbre para abordarla desde el SO. Las rocas son inmensas, debo rodearlas todo el tiempo. Arriba hay nieve solidificada, casi hielo, no tengo puesto los grampones ni tengo tiempo ni paciencia para hacerlo. Decido ir por las rocas, asciendo una, guardo equilibrio sobre la otra, no puedo mirar el cielo, el paso de las nubes a una velocidad increíble me hace perder el equilibrio, subo casi en cuatro patas y no distingo el horizontal del oblicuo, es decir no percibo que tan fuerte es la pendiente, ni pensar en erguir mi cuerpo, voy a ir a parar a la m´…

No se que hora es, estoy absolutamente solo, totalmente alienado, mi corazón es un músculo que late desenfrenado y a un ritmo desequilibrante, lo siento vibrar en todo mi pecho. El aire frío se cuela a mis axilas ventiladas y me congela el sudor de la espalda. Mi garganta siente entrar el aire helado tal si me rozara el filo de una navaja. Se que esta ahí, lo siente todo mi ser, pero mi vista no logra distinguir sino un horizonte aun vertical.

De pronto me encuentro contemplando un espacio increíblemente horizontal y percibo casi con mis piernas antes que con el cerebro, que estoy en la cumbre!!!! Se advierten pequeños picos, pero… no distingo cual es el principal. Sigo avanzando y uno de ellos empieza a asomar comparativamente como el mas alto, hacia allí me dirijo, mis botas dobles y lo horizontal del terreno, vuelven muy torpes mis pasos, veo la cruz y casi trastabillando me arrojo sobre ella. Finalmente allí estoy. De una manera extraña, siento que no siento nada. Logre la cumbre y allí estoy, solo, no hay siquiera un pensamiento. Mi cuerpo agotado se resiste a moverse. Solo atino a abrazar la cruz que marca la cumbre y allí me quedo, pensando que no se me ocurre nada memorable para pensar ni decir. Mi cabeza siempre tan frondosa en lo referente a la montaña, esta vez me sorprende de una manera inesperada. Cansancio, fatiga, Andrés y Gustavo quedaron abajo. Cuantos días llevamos aquí??. Solo se que ya puedo regresar, aun puedo distinguir la ruta de acceso, de modo que mi incertidumbre anterior esta resuelta. No hay riesgo de errar la pendiente para el retorno y la seguridad del campamento de altura.

Rápidamente debo retratar la cumbre con mi mochila como prueba de logro.

Debo haberme quedado dormido con los ojos abiertos, pues me doy cuenta que el frío me ha ganado todo el cuerpo, debo ponerme en movimiento ya. Rompo el encanto hipnótico de las nubes pasando sobre mi cabeza y abandono el reparo de las rocas.

Un poco más abajo aparece Daniel y sucede lo impensado, la carga emocional estaba ahí, nada más que al no tener con quien compartirla se recluyo aun más. La vista de mi compañero gritando con los brazos en alto, provoco la reacción más elemental y la ausencia de palabras torno en un llanto desenfrenado, Daniel lloraba, Pablo no lo vi. llegar, pero siento su abrazo y somos tres convulsionando lagrimas a 6795 msnm. Que gritamos?? No se, creo éramos felices de una manera sencillamente descomunal. Quizás liberábamos finalmente la energía que nos permitió alcanzar la cumbre, nos sacudíamos las lágrimas reprimidas en el abrazo desertor de Gustavo en la madrugada, en la mirada triste y resignada de Andrés, a pesar del intento en su sonrisa que no podía siquiera disimular el desencanto interior.
Rápidamente intercambiamos fotografías de cumbre y abandone a mis compañeros, empecé a bajar, necesitaba recuperar el calor de mi cuerpo.

Unos doscientos metros mas abajo advierto una presencia detenida que me observa, gira sobre si mismo y comienza a bajar. Javier o Héctor?

Minutos mas tarde lo alcanzo, no le distingo la cara pero me doy cuenta que es Javier (el medico rafaelino), esta todo cubierto, solo le distingo los ojos a través de las antiparras.

Me pregunta sobre la cumbre y le advierto que lo olvide, ya es muy tarde y aun le falta casi hora y media (a mi ritmo, el venia mucho más lento), es necesario que comience a bajar. Yo, continuo con mi descenso hacia la lengua de glaciar, pensando si me coloco o no los grampones.

En breve lapso siento un grito, Pablo me llama. Me doy vuelta y quedo sorprendido por la visión. Pablo sostiene de una rienda de su mochila a Javier, quien a perdido total control de sus piernas, que no obedecen ningún orden y abordan el descenso totalmente desarticuladas.

No tengo resto para volver a ascender los 25/30 mts de altura que nos separan. Aguardo largos minutos que lleguen adonde yo estoy. Pablo esta fuera de si. No puede creer que alguien con una experiencia bastante razonable, como la de Javier haya cometido semejante torpeza, la de ignorar el deterioro creciente de sus músculos, pensando solo en la cima, olvidando el retorno.

Lo tomo del brazo, pero resulta imposible avanzar hacia abajo. Aguardamos a Daniel que viene mas entero. Realizamos un intercambio entre los tres, al que Javier asiste con la mirada totalmente perdida, no sabemos que tan afectado esta interiormente, aunque aquí poco importa, solo que debemos bajarlo y ya. Acordamos que Pablo y Daniel bajaran con Javier y yo, el más cansado, bajara adelante, tanteando el hielo y allanando de esta forma un descenso más rápido y menos complicado que por las rocas, cuyas dimensiones hubieran obstaculizado significativamente el paso de tres personas juntas.

Camino unos metros mas adelante, observando el tobogán de hielo, que 300/400 mts mas abajo, se ensanchaba y perdía en la curva, bordeando la cumbre frontal inferior que antecede al Pissis por la vertiente NE.

Mientras bajaba tanteando el hielo, pensaba, si uno resbala, se van los tres y me llevan con ellos hasta abajo… rápidamente me sacudí de tales pensamientos, pues no me llevaban a ningún lado y debía concentrarme en la tarea asignada.

Salvamos el espacio y entramos directamente en el acarreo. Aquí nos sentimos seguros, a lo sumo, tremendos porrazos pero siempre hacia atrás, sentados sobre el pedrero. Y asi sucedió. Javier quedaba todo el tiempo literalmente desparramado pero absolutamente conciente de su estado. Había recuperado la cordura y con ello, intentaba controlar sus piernas, pero estas, en una expresión de anarquía total, se le iban para todos lados ignorando descaradamente el infructuoso y descomunal esfuerzo que intentaba imponerle su dueño. Las caídas se sucedían y otro tanto se enderezaba con el pulgar en alto. ¨Todo bien!!¨ se escuchaba entrecortado. Pero el lenguaje gestual decía todo lo contrario. Solo podíamos alentarlo desde la arenga verbal, las expresiones incluyeron hasta el insulto motivador. Aunque a esta altura, nuestro amigo ya no nos escuchaba, solo su mirada mostraba un resto de obstinación, ya no en la cumbre, sino fija allá abajo, donde se distinguía el color naranja de nuestro campamento de altura.

Alrededor de las 20/20:30 llegamos finalmente y me zambullí en la carpa sobre mi colchoneta. Y se me ocurrió: Dios mío, la cumbre!! Lo logre!!! Lo logramos!! Pensé en todos mis afectos, mentalmente me arrodille, pleno de felicidad y agradecimiento, por todo lo que la vida me ha dado… y me levante, aun quedaba algo por hacer, tome mi piqueta de travesía y una bolsa, debía traer hielo para derretir, Javier llegaba totalmente deshidratado.
Mientras caminaba hacia los penitentes, una revelación invadió todos los espacios de mi pensamiento: había olvidado por completo mirar desde la cumbre el glaciar que cubre toda la vertiente oeste del Pissis.


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