REGION - La Pampa
Semanario REGION®
Del 11 al 17 de marzo de 2011 - Año 21
Nº 984 - R.N.P.I. Nº 359581

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La copa derramada

Hace tiempo atrás se escribió en nuestro Diario un artículo sobre la adicción al alcohol. En momentos en que la difusión de las drogas que generan dependencia adquiere una escala alarmante, parecería que el alcoholismo es una falta de menor importancia. Sin embargo, quienes llegan a la droga, generalmente lo hacen pasando por dos etapas previas, contemporáneas casi siempre, que son el fumar y el beber.
Si fumás y bebés, el porro viene después ese puede ser un slogan de advertencia a nuestros desorientados jóvenes, que carecen de alentadores buenos ejemplos por parte de los mayores. La pérdida de libertad es total para aquel que adquiere un vicio que altera el funcionamiento físico-mental. Es así que una gran cantidad de evadidos circulan ocultamente dentro de una sociedad.
No estamos en contra de la industria vitivinícola o de la bebida moderada, pero sí está claro, que la promocionada identificación del alcohol con una alegría artificial, tiende a confundir maliciosamente a nuestros jóvenes
C. B

Siempre tuve una gran simpatía hacia esa institución denominada Alcohólicos Anónimos. La vida me puso en contacto con algunos amigos que tuvieron necesidad de recurrir a la ayuda solidaria de quienes pasaron también por esa crisis.
En esos contactos circunstanciales pude apreciar la eficaz labor que en el tiempo desarrolla esa especie de terapia grupal, en la cual todos son pares frente a un mismo problema humano. Es quizá la institución más anárquica por su características, que conozco, y sin embargo de una eficiencia en sus resultados que merece mi homenaje.
Si tuviera que crear un concepto que la enmarcara adecuadamente me atrevería a decir: ¡Cuánto se puede hacer con tan poco!No conozco que tengan inmuebles como sede, no tienen personería jurídica, tampoco sus dirigentes poseen apellidos a la vista. Es una quijotesca organización clandestina de bien público.
Hace tiempo asistí en la ciudad de 9 de Julio a una reunión destinada a recrear un grupo de Alcohólicos Anónimos. Nadie preguntó quién era, a qué venía y qué es lo que hacía; ése fue el primer acto de generosidad hacia quien se acerca a un grupo, quedando así comprometida mi reserva como periodista.
El análisis de casos, que surgió en esa reunión, equivalía a una dolorosa confesion pública de algunos de los participantes. Cómo fueron llegando a cada una de las etapas de una enfermiza declinación, es parte de la cura, propia y ajena. La humildad que surge del concepto: hoy no beberé, es propio del conocimiento de la flaqueza humana que muchos soberbios no aceptan.
Sabiamente se ubica, en otro tipo de reuniones, al familiar del alcohólico como participante de una terapia global. El entorno, en todas sus variantes, ayuda o empuja al enfermo en su marcha ascendente o descendente. Por lo tanto no se puede descuidar un aspecto tan importante en cada caso; salvar el grupo familiar es imperioso para reinsertar adecuadamente al protagonista en la sociedad.
En distintas oportunidades tuve conocimiento de trabajos realizados por dependencias del Estado destinados a esclarecer el tema del alcoholismo, su prevención y su tratamiento. La inversión de esfuerzos humanos aplicados a neutralizar este histórico flagelo es enorme. Pero no puedo silenciar el desagrado que me produce observar cada tanto la campaña del Instituto Nacional de Vitivinicultura destinada a convencernos de que el vino es nuestro gran compañero. Más aún recuerdo el slogan de fines de los años ‘60 que nos decía que el vino era la bebida de los pueblos fuertes.
La incongruencia y contradicción que significa el ejemplo dado, hace pensar en una anarquía de fines y objetivos de un Estado que por un lado contagia para hablar a posteriori de curas. El manipuleo publicitario en temas tan delicados como la difusión de peligrosos hábitos de ingesta, genera dudas sobre el buen criterio y coherencia de funcionarios que están ahí para la salud del ciudadano, y no para la creación de adicciones.
El bien común difiere del común vino. El derecho al uso no implica el uso abusivo. Pero las prerrogativas que tienen ciertos funcionarios no convalidan el abuso del poder.
Qué conveniente sería que los integrantes del Instituto Nacional de Vitivinicultura asistieran a algunas reuniones de Alcohólicos Anónimos, para observar las consecuencias de una imprudente promoción masiva, pues la copa nunca debe ser rebasada.               

Carlos Besanson
Publicado en el Diario del Viajero n° 216, del 19 de junio de 1991

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